Tema de fondo: Revolución Cultural, Cristo clama desde el Sur

Nuestra anterior columna editorial (el Mundo está cayendo) fue calificada por algunos amigos y amigas de nuestra Revista como ‘algo exagerado’ o ‘demasiado fuerte’. La verdad es que es la realidad aquella que ha exagerado cualquier sensibilidad y ha sobre pasado todo cálculo posible. Lo fuerte son los mil millones de Euros que cuesta cada submarino atómico a Israel, de los cuales tres se hallan en el mediterráneo y dos están por salir de los talleres de Alemania para completar una flota en grado de llenar el oriente medio -y desde su ubicación con un alcance de más de 1500km. – de explosiones atómicas que de algún modo son la respuesta a las pretensiones de Irán, país que ya estaría en condiciones de elaborar medios de destrucción masivo. Claro está que cinco submarinos con armas atómicas israelí no son tema para las grandes potencias que hoy viven ocupadas por el avance Iraní en su programa nuclear. La cuestión de la destrucción atómica se viste del color que conviene, y la medida no es la misma para Corea del Norte o para Paquistán o la India. No se trata de una postura de Paz, que desecha lo atómico con fines de guerra, sino que el asunto depende de quién tenga en sus arsenales la máquina de aniquilación.

apocalipsis

Los cuatro mil muertos y miles de desaparecidos en Indonesia a causa del cataclismo que azotó nuevamente esa zona del planeta nos están avisando que la tierra ya no se detendrá en su respuesta ante el acoso y maltrato a la cual el Hombre la ha sometido en estos últimos cien años.  Inundaciones y sequía, tornados y tifones, como los acaecidos en Filipinas, van dejando secuela de destrucción a su paso y de todo esto el mundo puede enterarse, lo puede ver y saber. Inútil es encerrase en el egoísta y pequeño argumento ‘pero… a mí no me toca’, porque estos avisos con miles de muertos serán de aquí a poco una realidad mayor que sí tocará a cada parte del Globo… y también a Ud.

El Hombre no aprende, su espíritu Cainita es de un orgullo funesto y de una propensión por la violencia que no tiene remedio: hoy vemos como España se remece por un cabo del ejército español muerto en una emboscada en Afganistán, pero nadie salió al paso cuando se trató de aumentar las tropas ibéricas en esa zona, hace solamente unas semanas atrás. En lo que va de este año ya suman más de cuatrocientos los caídos en una tierra en donde jamás una potencia extranjera ha logrado imponerse, y en donde el gigante ruso en pasado tuvo su mayor vergüenza bélica. Pero la realidad nos habla de un mayor número de civiles muertos por causa de ‘daño colateral’, es decir: bombardeo a zonas civiles, el último de la aviación alemana a un villorrio afgano. Todo esto mientras el Talibán ya influencia el 80% de territorio, y la coalición militar de la Otan apoya a un gobierno claramente fraudulento y corrupto.  Pero es bueno llamar la atención sobre dos aspectos que nos coloca esta cruenta realidad afgana: escuchamos de todos los involucrados occidentales el argumento que esta guerra es para garantizar el desarrollo democrático en dicho país, se habla incluso de ‘imponer la democracia’. Lo sorprendente vino de un personero de la izquierda comunista de España (IU), el que aseveró que países como Afganistán son realidades medievales y civilizaciones tribales que no están preparadas para el progreso de la democracia. Y esto lo dice la ‘izquierda progresista’ para solicitar el retiro de tropas españolas de ese territorio. Y es que hay en Europa una cultura colonialista que vive en el ADN  del político occidental, sea de derecha o de izquierda. Todo lo que no acepta o no cuaja con el modernismo de la democracia por ellos ‘impuesta’ es medieval, y no se halla preparado para un progreso tan excepcional como el que ellos practican y del cual se ufanan. 

Nunca una democracia impuesta por la guerra y las armas será un sistema realmente de Paz y libre. Y la falta de una profunda cultura democrática de los europeos los ha llevado, desde los tiempos de la conquista con la cruz y la espada, a ver en modo unilateral su propia forma  política como la panacea para las zonas sub-desarrolladas del mundo. Real democracia sería involucrarse, entender y ayudar a otros en sus propias formas, cultura, historia e implementación, garantizando la Paz por sobre todo. Pero a la base de todo el conflicto mundial que sub- yace hoy se halla la teoría de la ‘guerra de civilizaciones’. Esta teoría está arraigada y enquistada en la estructura ideológica que promueve la confrontación tanto del occidente en contra de oriente, como del mundo musulmán hacia el conglomerado de los ‘infieles’. Y esto toca un punto ineludible: la religión y el nombre de Dios como bandera de guerra y aniquilación.

Aseverar que en Europa hay una carencia democrática en cuanto cultura y esencia conceptual profunda parece contradecir un paradigma común que duerme en el inconsciente colectivo, a saber: que es Europa la cuna de la democracia. Tal paradigma es un espejismo. La realidad de las dos guerras mundiales acaecidas en el siglo veinte, el colonialismo atroz en los siglos anteriores, y el intervencionismo militar en lo que va de este incipiente siglo actual nos dicen que es en Europa en donde han nacido los regímenes  más despóticos de la historia, y en donde se han producido los Holocaustos que han mancillado la conciencia de la humanidad. El cristianismo europeo ha sido el mayor mal que ha sufrido la herencia de Cristo, y es la clara intervención del Anti Cristo en la realidad Crística.

Nosotros, los Latino Americanos, tenemos el deber de quebrar dos paradigmas que nos encarcelan y nos anulan: que nuestra democracia debe ser copia de los sistemas Europeos, y debe  moverse bajo esos marcos conceptuales y culturales; que nuestra Fe Cristiana debe mantener el esquema inculcado bajo la colonia y el cristianismo europeo. Para liberarnos de los sesgos colonialistas que aún conviven en nuestra mentalidad es urgente causar en nosotros una Revolución Cultural. Esta Revolución Cultural tiene dos pilares: revisar y reivindicar nuestras raíces ancestrales; establecer un modelo de democracia americana sustentada en la Paz y en la unidad de América. Y bajo estos paragones es paso obligado cuestionar el tipo de cristianismo que nos ha sido impuesto por la espada y la cruz de la castiza e hipócrita España de la Colonia, y es deber nuestro atesorar la herencia de los primeros cristianos, antes de la Apostasía de Constantino, y enlazar dicha práctica Espiritual a las vivencias de nuestros Ancestros en América, así como reescribir la verdad histórica y por fin aceptar con las cientos de pruebas existentes que nuestra Tierra fue habitada por avanzadas civilizaciones provenientes de Asia y Oriente  y sobre esa cultura y religión se alzaron grandes reinados en nuestros suelos.

Porque no debemos renunciar a Cristo para unirnos a la Fe de nuestros Ancestros: por el contrario. En la raíz de Lo Nuestro Vive el Cristo Dios que también estuvo en la realidad de nuestros ancestros, que hoy se nos niega y oculta.

La carrera armamentista que involucra hoy a Brasil, Venezuela, Chile… es justamente aquello que no hay que hacer, es lo contrario a la Paz y la Unidad Americana que nos debe mover, y justo lo opuesto al Espíritu del Cristo de Amor que nos debe guiar. La Revolución Cultural implica quebrar la lógica de la guerra y la división. Obliga, esta Revolución, a pensar en positivo: mientras más unidos estamos, menos peligro de confrontación existe; la desconfianza se rompe uniendo los países y flexibilizando las fronteras;  no es la rigidez y el cierre de los países aquello que nos dará progreso y paz, sino lo contrario. Y es Cultural este cambio porque para llevar a cabo grandes transformaciones en aras de la Paz se requiere una transformación en la mentalidad y una ruptura con la costumbre inoculada por el colonialismo y el asistencialismo nocivo del paternalismo que nos trato por décadas como infantes necios sin historia ni fundamentos. Y debemos colocar a Dios y a nuestra religiosidad como sustento de Paz en contra de la guerra, justo en lo opuesto y contrario de quienes  han colocado a Dios y la religión para pretexto de sus guerras, invasiones, intervenciones y fundamentalismos. Nuestro Dios es un Dios de Paz. Y Nuestra América debe ser el lugar en donde el Milenio de Paz se alce y se alza como la Nueva Ley de Vida para la humanidad.

Lo nuestro es más que una propuesta: nos hacemos cargo de una realidad. JesúsCristo, el Dios Vivo, el Dios de nuestros Ancestros, el Cristo Liberado y Liberador que desde el Cielo se presentó cuan Quetzacoalt ante nuestros Sabios y Santos en América y les habló prometiendo a ellos que aquí vendría por segunda vez, que en estas Tierras del Sur del mundo descendería desde la Nube, ése Cristo Vivo, Dios y Gobernante,  es Aquel que hoy debemos levantar y es éste Aquel que nuestros Padres Ancestrales quisieron entregarnos cuan herencia,  y cuya voz y símbolos fueron aniquilados y burlados por la mano del Señor del viejo continente que venía a ejercer su mando a punta de hierro y mentiras…. Sí, el Dios de Paz, el Dios que designó Inteligencias para alzar reinados pujantes y sabios en todo este continente mientras en Europa vivían en la piedra y la barbarie, ensimismados por la inquisición y su guerra de civilizaciones que hoy se nos re-propone como clave de exterminio y terrorismo… Y hablamos de hechos concretos: Cristo, el Dios, ha revelado Su Ley para este Tiempo, y lo ha hecho fuera de los centros del mundo. Cristo el Dios Vivo propone al Hombre un Sacerdocio nuevo en donde varón y mujer se conviertan en Agentes del Plan de Dios, y nos pide, el Dios de los Hombres y de los Ángeles, que seamos nosotros los Agentes de Paz que sembremos desde  América la semilla de la Nueva Generación Espiritual: los gérmenes santos del Hombre del Milenio de Paz.

Ampliar con Misericordia la visión de la realidad, atreverse a romper los límites de la historia oficial, aceptar y amar a Cristo más allá de la religión y del sistema clerical y eclesiástico impuesto, entender la Paz no sólo como un factor de  ‘No-Guerra’, sino cuan esencia y modo de existir del individuo, de vivir la familia  y convivir en la sociedad, de alzar ciudades, sembrar, producir y trabajar,  e incluso un modo diverso de construir la democracia… la democracia de la Paz… eso es la Revolución Cultural de la cual hablamos y de la cual nos hacemos portadores. Es urgente ser Seres de Paz por sobre todo, y cuestionar seriamente los paradigmas que nos ha encarcelado a modelos que niegan nuestra pertenencia ancestral y nos hacen huérfanos sin sentido: porque poseemos Padres e Historia que por mucho son altamente superiores, y tenemos a Cristo cuan Dios, y no necesitamos pastores que nos arreen cuan becerros al matadero. Porque hoy, en América, podemos levantar un faro de luz al Mundo… porque Cristo habla desde el Sur del planeta: es  América la Tierra de Promisión.

El Director

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