Tema de fondo: Sin información abunda la especulación

(A propósito de celibato, anglicanos, sacerdocio en la mujer y enredos con la historia)

Esta reflexión editorial quiere partir de un lugar común expuesto por un detractor, René su nombre en este caso (aunque eso no importa) conocida y repetida su prosa: aquella que lucha cuan Quijote en defensa de lo establecido, y que cada día es menos defendible. Sugerimos en nota al paso (n°10) que el lector investigara, se informara (en estos tiempos en donde tal ejercicio de inteligencia es relativamente fácil y depende solamente de la voluntad de la persona)  sobre los orígenes del celibato católico impuesto a la curia vaticana. Bastó aquello para que explotara la ira de los acérrimos. Una estudiante (Natalia) replica: ¿A qué temen?

http://www.leydejesuscristo.com/?p=1943

Desde la visión periodística se aplica aquí una ley comprobada, a saber: cuando no hay información, abunda la especulación. Y justamente no queremos especulaciones, sino Hechos. Y parte de la vena especulativa es la histeria sectaria que se enclaustra en la ignorancia y la omisión ante una realidad que no le favorece.

Hoy sabemos que la iglesia de Inglaterra, anglicana, sufre un desangramiento doctrinario y de hecho debido a la concesión del sacerdocio a la mujer y la permisiva ordenación de sacerdotes declaradamente homosexuales. Con su aparente ‘benevolencia clerical’ la iglesia vaticana abre sus brazos para acoger a los disconformes;  y de paso, aquello que por siglos se presentó como ‘doctrina santa’ y ‘ley de dios’: el celibato, ahora resulta ser una regla jurídica laxa, la cual puede convivir con un agregado tumoral ‘especial’ que permita curas casados. Esta vuelta de carnero no perjudicará a sujetos ciegos, porque hay becerros que mientras más le golpean más aman a su pastor… una especie de síndrome de Estocolmo en versión religiosa.

Demás está decir que el Vaticano hace política, y es parte de su diplomacia institucional concebir el ecumenismo como herramienta para atraer, nuevamente y de algún modo, a las ‘ovejas descarriadas’ del protestantismo, cristianismo oriental y ahora el anglicanismo. La aplicación práctica del discurso re-afirmativo de Juan Pablo Segundo, concebido intelectualmente por el actual primado en su tiempo de guardián doctrinario, que reinstala a la católica como a ‘la única iglesia verdadera’  e insiste en el  Papa cuan ‘vicario de Cristo en la tierra’ se constata aquí al desnudo: la propia jurisprudencia puede ser violada para permitir quebrar la unidad, oportunista y siempre convenientemente, de otra institución que por mucho, en el alma, nunca dejó de ser una simple escisión, un cisma. No hay en este caso un llamado a unirse en torno a la propia mayordomía y solucionar sus contradicciones de Cara a Cristo…no. Inmediatamente se ‘abren los brazos de la madre iglesia’… porque, no acaso,  ‘se es la única y verdadera’.  Y lo que fue ‘doctrina divina’ ahora es una regla que puede variar. Esto del celibato tiene razones nada espirituales y desquiciadas en su origen y causa.

Cuando hicimos la nota no había sucedido aún lo de los anglicanos.  En sincronía ahora podemos aseverar que la investigación histórica es urgente, necesaria y definitoria. Veremos con datos irrefutables que desde la Apostasía de Constantino, el cual  estaba muy lejos de ser ‘un buen hombre’ y en realidad fue un criminal, un ser perverso y un maniaco depresivo que gobernó a sangre y espada,  sacrificando a su hijo en medio de los celos y traiciones de su propia familia… hasta la constitución del Imperio Papal, con sus ejércitos, impuestos y empobrecimiento de la población… hubo, salvo excepciones bien identificadas, una seguidillas de Jefes Vaticanos corruptos, pedófilos (en tales tiempos no hacía mucho diferencia si eran jovencitas o jovencitos, ni era ilegal, ni era pecado) que lucían amantes potentadas que llegaron a convertirse en el poder detrás de las columnas,  e incluso una mujer disfrazada de varón que ocupó el Papado. Fue entonces que la legalidad de los cardenales impone por decreto el celibato, a modo de  contención de los escándalos y deterioro… nada espiritual, ni que Dios habló a un profeta, no, nada de eso: ¡había que recuperar la cordura! Obviamente, en no pocos argumentos de la época, y hasta bien entrado el siglo veinte se arguye que la mujer debe mantenerse al margen o bien delimitada en su rol en la iglesia: el alma femenina es dañina, permisiva y una pésima influencia para el varón que toma los hábitos curiales.

Es inevitable: el sacerdocio en la mujer, según la causa que provoca la regla del celibato, es impracticable, desaconsejable y hasta ‘peligroso’.  Para esconder el verdadero temor (porque la curia vaticana teme a la mujer) se argumenta que Cristo encarnó en un varón (Jesús) y que los doce apóstoles fueron varones, incluso algunos llegan a aseverar que la imagen de ‘Abba’ (Padre) no es casual en su virilidad (¡Sic!).

El director de la revista Mensaje, entrevistado por Cnn y por otros canales televisivos, aparte de girar en torno a respuestas banales y muy poco convencidas ante  estos temas, dijo al periodista Antonio Mochatti de Radio Bio Bio y Cnn-Chile, que para hablar en profundidad de estos temas debiéramos acordar qué se entiende por iglesia, por salvación, por sacerdocio, etc. Y coincidimos con este punto, y agregamos: debiéramos primero entender de qué hablamos, y luego hablar. Esto es de Perogrullo, pero entre tanto grito y defensa corporativa esta  esencia se pierde.

Entiendan los René y sus lugares comunes: no enjuiciamos a la iglesia católica (esa es Potestad de JesúsCristo ante el Padre, y será la Sentencia del Padre aquella que hará Justicia ante y en todos nosotros, y ante la iglesia vaticana también) sino que exponemos opiniones en base a nuestra Doctrina y elevamos argumentos en concordancia con hechos…los cuales, para ser Objetivos también en quién se siente agraviado, debieran ser investigados por todos… irrefutables, acaecidos, reales.  Sin embargo, debemos rehacernos a la historia porque la misma Iglesia realza su continuidad histórica y ha realizado una especie de ilustración quimérica de ésta: ´somos los mismos desde Pedro’. Y bien sabemos que el Vaticano y sus intelectuales aman esta concatenación histórica que los avala y justifica (supuestamente).

 Tratándose de historia: hemos sabido de ‘reconocimientos’ sobre el error de ciertos actos de la inquisición (no de la inquisición) o escuchamos que en mucho Lutero tenía razón, o que Galileo fue injustamente desaprobado y encarcelado por la iglesia, etc. Pero esto no es Arrepentimiento, pues el Arrepentimiento que Cristo nos enseña conlleva a una corrección de fondo sobre la Causa del error, y una disposición nueva que de alguna forma sana y supera el mal causado. El Perdón de Cristo implica un sacrificio, una entrega, una renuncia.  Nada de eso hace parte de los ‘reconocimientos’ vaticanos, y en esto actúan como buenos políticos: reconocer para que nada cambie. Porque si la historia fuese corregida por el Arrepentimiento y el Perdón  los infractores debieran cambiar sus formas y readaptar sus contenidos, y aplicar justicia ante quienes intentaran regresar al mismo pecado; en tal caso, si así fuese, entonces mal podríamos enarbolar la historia para entender la actualidad.

Pues bien, si se nos inculca desde la cuna que la iglesia es ‘histórica’ ¿A que temen los muchos sectarios que andan muy nerviosos e inseguros por la vida?  La historia nos desmiente toda continuidad  de Pedro: leemos que los hechos marcaron primero confusión entre los seguidores de JesúsCristo, entre los cuales las mujeres gozaban de total paridad sacerdotal, incluyendo a la madre carnal del Mesías; que no hubo una ‘supremacía’ evidente de Pedro en cuanto autoridad y bien sabemos que Pablo por mucho constituyó mayor liderazgo que el dudoso y siempre formal Pedro; que nada parecido a la Iglesia que hoy concebimos hubo en aquellos tiempos y por tres siglos (TRECIENTOS AÑOS); que el cristianismo de Judea (Pedro) tenía muchísimo del antiguo sacerdocio Judío, y en gran medida era una forma de judaísmo que Pablo rechazó y que no era representativo para la gran mayoría de los nacientes cristianos; ni Vaticano, ni Papa, ni seguidor de Pedro, ni iglesia, ni libro único… El cristianismo era según la comunidad que lo practicaba. Así estaba, y la diáspora que siguió a la destrucción de Jerusalén (70 dC) contribuyó a que las siembras del cristianismo más puro e inocente (y eso para muchos era signo de desorden) se propagaran y conjugaran con creencias que iban sucumbiendo ante la magnífica Nueva Buena del Cristo Resurreccionado. Es la influencia griega la determinante en las conceptualizaciones, cuando la lengua griega era la predominante entre los ilustres y en la diplomacia y el comercio. La palabra Tabernáculo es traducida como templo, y los reunidos bajo el templo (Qehal) en ‘asamblea’, que en griego es ecclessia. El ‘concepto’ de ‘iglesia’ es esencialmente asamblear, político.

 Cuando el desesperado Constantino, en medio de batallas internas y expansivas, ve que su plan por reunificar el alicaído imperio romano estaba por irse al tacho de la historia… recurre a una nueva religión (porque el sostén religioso de Roma estaba ya en franca banca rota): el cristianismo. La leyenda (muy Cainita por cierto) dice que en medio del fragor de la sangre, los muertos y la batalla vio este guerrero en el cielo una cruz, e inspirado por esa aparición venció su guerra (para cualquier seguidor real de Cristo sabría que un Dios de Amor y de Paz jamás entregaría un mensaje para matar y triunfar de manera sanguinaria… pero el Cainita concibe a Dios así. Lo importante es no comulgar con estas sandeces guerristas del demonio) Este rey romano ofrece a los jerarcas reunirse en torno a él, cuan jefe de la naciente religión, y constituir: ‘un Dios, un rey, una religión…y más tarde… un libro’. No fue fácil, hubo de colocarse de acuerdo: mucha sangre de ‘herejes’ y ‘puritanos’ pasó por debajo de las fosas de los palacios reales, y al final, ya en el siglo Cuarto nace la matriz de la iglesia que hoy se nos quiere presentar, violando la verdad histórica, como ‘continuidad de Pedro’. Bueno, esa iglesia nació pervertida, corrupta y llena de los vicios que eran típicos en las realezas mundanas. El celibato fue regla de contención a ese período negro que hoy se nos quiere ocultar. Aquello que era ‘iglesia’ entonces fue distinto luego, y diverso hoy. Desde la apertura de Paulo Sexto (1962) se ha conceptualizado a la iglesia como al ‘pueblo de Dios’ y por lo mismo ‘iglesia somos todos’. En la realidad sigue predominando la vieja idea: ‘la verdadera iglesia es ésta…’Y la misma estructura vaticana reinstala cada día la verdad eclesiástica tal y cual ha sido siempre: un poder político, un Estado teocrático, una institucionalidad de hombres para aterrizar a Dios.

El desprecio por la mujer es temor: calificada la mujer como el alma de la perversión masculina, debía por naturaleza estar fuera del sacerdocio y todo ejercicio de autoridad. La Inquisición, que es parte de la historia y es la iglesia que conocemos, tuvo en la mira principalmente a la mujer. Según el verbo machista la mujer causa en el varón todo tipo de bajezas y malos instintos. La verdad es que es la perversión del varón la que se despierta ante la idea fija de que la mujer es solamente instrumento de placer y no es persona a la altura del hombre. Si el varón coloca a la mujer en calidad de persona, al igual que él, y concibe que ambos pueden entregarse goce  en el amor, y en todo pueden ser personas decentes sin ofender a Dios… entonces es el varón quién debe cambiar su estructura mental, y eso le conduciría a transformarse a sí mismo ante la ‘otra persona femenina’. Incapaz de hacer esto el macho rector percibe que esta otra persona lo ‘arrastrará’ lo ‘dominará’ y le quitará el poder, entonces ésta debe ser usada como herramienta de placer y lujuria, pero nunca debiera equipararse  a la par del varón. Esto es temor. Y como la curia religiosa es hipócrita y sigue siendo farisea por esencia, debía dar una respuesta ‘de altura’ a este asunto de la mujer: nace la doctrina mariana. La ‘supuesta’ elevación de María, la madre carnal de Jesús, a calidad divina y ‘Reino del Cielo’ y ‘intercesora ante Cristo’ es puesta por la intelectualidad católica como un acto supremo del reconocimiento a la mujer: de todas parias…  a una dios… pero jamás Personas. Sabemos del valor sacerdotal de la madre carnal de Jesús, pero nunca el Hombre ha tenido necesidad de crear intermediarios para relacionarse con Cristo; es Cristo el Camino al Padre, y es el propio Espíritu el que establece la unión con un Reino que no es de este mundo.

Sí, ¿de qué Salvación hablamos? La pregunta es ¿de qué Cristo hablamos? Porque si nos basamos en Dios hecho Carne, y no en un simple ‘hombre’,  se nos cae eso de que Jesús era varón. Dios es Dios y cualquier forma que tome será siempre Dios. Y si es Dios en un cuerpo carnal lo trascendente nunca estará en la Carne, sino en lo Divino; y la Salvación jamás yacerá en los hechos de la Carne, sino en los Hechos Espirituales. Por lo mismo: La Salvación es y debe ser un Hecho del Espíritu y ésta cambia sustancialmente una Ley de Vida. Y claro, si es un varón santo que asciende a Gloria luego de su sacrificio: todo es distinto. Que sea varón ya es un mensaje; que muera en la cruz ya es símbolo de salvación;  que resucite es señal de que venció a la muerte. Así, tratándose siempre de aspectos tan de este mundo leemos a los humildes como a los pobres de cosas materiales, a la justicia como reivindicación social, la verdad como bandera de lucha, la paz como manera de oponerse a las guerras que no nos concuerdan, la ira en el templo como justificación para mi propia guerra, y así, buscamos la ‘razón social y política de Jesús’. Pues bien: la iglesia nace sobre esta interpretación de ‘salvación’ y de Cristo. Todo el génesis de la iglesia ha sido político y mundano: incluso la reforma y el anglicanismo.

Nosotros, Consagrados en Cristo Dios, bajo la Ley de JesúsCristo no reconocemos al cristianismo eclesiástico como raíz de la Fe, y lo consideramos una vertiente histórica de la política religiosa sustentada por el Poder en este Mundo y para ejercicio del Poder en este Mundo.

Nos reconocemos sí en Personas de Fe y Santidad, sean católicos, evangélicos, mormones, luteranos, budistas, taoístas o sin religión alguna. Nos reconocemos en lo santo y divino que recibieron y practicaron nuestros ancestros en América (aspectos omitidos por la historia religiosa oficial, que insiste en la imagen sanguinaria de los rituales de nuestros antepasados… que sí los hubo, pero lejos están de ser el centro de la espiritualidad de Los Nuestros, sino más bien fue una manifestación demoníaca posterior, en la fase de decadencia) Pero esencialmente nos reconocemos en Cristo: el Dios de los Hombres y de los Ángeles… de antes de Jesús y de después de Jesús… el Verbo, el Alfa y la Omega… UNO con el Padre Creador.

No creemos ni fomentamos la religión: creemos y practicamos La Espiritualidad, el Camino del Espíritu, la Relación Personal con el Cristo Dios, la senda que nos lleve a cumplir con la Voluntad del Padre. Aplicamos el Evangelio cuan Ley, no como interpretación antojadiza para adaptar la religión del mundo. Creemos y fomentamos la Comunidad de Consagrados. Somos Sacerdotes: varones y mujeres por igual porque a todos nos Salvó y Elevó Cristo. Y como no nos hacemos parte de la aberración histórica de la religión, y en nuestra acción favorecemos la coherencia con la Ley de Cristo, podemos fijar diferencias y decir claramente que ése cristo que nos presentan paseando por una plaza en medio de la fanfarrea popular no es más que pantomima y mentira; que ese cristo sufriendo y sangrando es un recuerdo distorsionado que esconde la Victoria de Cristo sobre los infiernos, la muerte y los abismos; que el cristo de los políticos que usan la religión- y de los religiosos que son políticos en nombre de la fe – es una ilusión que denigra el nombre y la figura del Mesías; que el cristo ‘social’ y el cristo que debe cuajar en alguna revolución, como el cristo bajo cual nombre se bendicen armas y arsenales… es el AntiCristo en Acción.

Damos Testimonio del Cristo que conocemos: el Dios Victorioso que Salvó al Hombre de una antigua Ley de Vida que lo tenía encarcelado, y entregó la Nueva Ley de Vida para que todo Ser nazca en La Gracia y tenga ante sí la opción de la Consagración. Sabemos del Dios Cristo que nos conduce hasta el Padre, y nos prepara para alcanzar esa meta de santidad. Y conocemos a la Madre Sabiduría, la Madre real y espiritual del Hijo Dios: El Espíritu Santo. Hemos vivido su Persona Divina y conocemos su Poder y Magisterio.

 Todo creyente debe Consagrarse y vivir a Cristo por lo que Él Es. Este Camino del Espíritu está abierto para todo el creyente que en humildad opte por Conocer al Cristo que Es: al Dios Conductor. Él es el Buen Pastor: un Dios que conduce a los suyos por su Espíritu. Sin Espíritu no hay Camino hacia Dios Padre.

No nosotros tenemos problemas con la historia. Son los de corazón endurecido y sus lugares comunes aquellos que- muertos como andan- viven enmarañados en las redes de las mentiras y omisiones que le han tendido sus pastores. La Buena Nueva es que Cristo Vino y sigue VIVO…y Vendrá en su Potestad Divina;  y los René pueden también elevarse y alcanzar la visión de alturas que ofrece el Espíritu y el Espíritu Santo. Con humildad ofrecemos nuestra mayordomía, pero no nos pidan que callemos…

El Director

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