Testimonio Sacerdote Carlos Alvarado

El desarrollo de la Consagración en nuestros niños y jóvenes.

Somos CARLOS ALVARADO C.: Sacerdote Menor de Melquisedec, YASNA MARMUTH R.: Consagrada bajo la Ley de Cristo, GABRIELA HERNANDEZ F.: Consagrada bajo la Ley de Cristo y REBECA MOLINA: Consagrada bajo la Ley de Cristo

La Ley de Cristo establece un Orden para el trabajo y avance espiritual de nuestros hijos y de los hijos de otros hermanos. Este se desarrolla en lo que se denomina: ORDEN DE LAS VIRGENES, para las niñas, y ORDEN PRIMARIA DE SACERDOTES JÓVENES, para los niños, cuyas edades son entre los 8 y 18 años. Antes de los 8 años los niños están en plena inocencia, y como después de esa edad se van “haciendo al pecado”, es nuestro deber hacerles tomar conciencia y así opten por alejarse de las tentaciones del mundo, para que no caigan en impurezas que los manchen y alejen de ese estado inicial.

La Ley establece sus objetivos, pero es nuestro deber llegar a la esencia espiritual de su contenido, es decir, alcanzar el discernimiento de lo que Cristo nuestro Señor quiere en el trabajo con los niños y jóvenes.

 

Nuestro aprendizaje (lo que Cristo nos dice): 

  • – Nos dice que los niños deben estar vueltos hacia Él y así sean Uno con Él, y es labor nuestra que no sean contagiados por el mundo.
  • – Que tiene más valor que se entre a la Consagración en el estado natural de inocencia de la infancia… antes que deba ser remecido o despertado su espíritu en una edad posterior.
  • – Que aprenderemos que el actuar limpio y bondadoso de la inocencia de ellos, es causa de avance en el ‘Plan Perfecto’ del Reino. Es por esto que cuenta con los espíritus de estos pequeños.
  • – Que los niños y jóvenes son el Testimonio vivo y natural de la presencia de Cristo en los Hombres desde su nacimiento. He aquí el valor del Hecho Crístico en ellos: nacidos en inocencia para ser aliados de Cristo, desde esos Tres Días… y para siempre. Y la alianza es la Obediencia a Cristo desde el espíritu.
  • – Que Cristo es esencialmente Inocente, por lo tanto, la inocencia en un niño es divina. Que nosotros debemos hacer como Él, y volver a nuestra inocencia original.
  • – Que el Orden del Reino se manifiesta en la inocencia de los suyos, en conciencia y voluntad: si no la recuperamos… quedaremos fuera de dicho Orden.
  • – Que en la Ley está todo lo que se necesita para su formación.
  • – Que su receptividad ya está dispuesta en ellos, y en esta enseñanza mucho aprenderemos nosotros.
  • – Que los niños son nuestros Maestros, lo cual debemos asumir en humildad y honestidad, es decir, todo lo que debamos aprender para retornar a nuestra inocencia original, debemos observarla en ellos. ¿Qué otro Maestro más sabio y directo nos podría conceder Cristo?
  • – Que no podemos dejar esto de lado… ya que nos será tomado en cuenta. Porque la labor con nuestros niños nos pertenece; y Sus promesas son: poder ver los frutos de esta ‘Orden de Cristo aquí en la Tierra’, y un buen lugar a Su lado. Por lo tanto, debemos esforzarnos al máximo en esta Santa labor.
  • – Que lo puro e inocente está en nosotros… lo que no debe ser violentado a causa de lo del mundo, y sólo en éste estado tendremos que presentarnos ante Él cuando nos llame al paso por la muerte… y debamos tocar Su Puerta.
  • – Que nuestros niños son las Semillas tiernas, y si dejamos que se pierdan… ya no volverán a nosotros. Ellos son la “Tierra Fértil”.
  • – Que debemos conocer el espíritu que en ellos vive, porque allí descubriremos la ‘Victoria de Cristo’, y aprenderemos la natural Obediencia a nuestro Dios.
  • – Que Él fue quien puso estos espíritus delante de nosotros para formarnos y ser medidos bajo Su Ley.

 

 Nuestra labor en ellos (lo que Cristo nos pide):

  • – Debemos enseñarles todo lo que en la Ley está, y las necesidades de aprendizaje que sus espíritus les dicten, y no lo que nosotros consideremos. Esta es una labor de cada Consagrado, independiente si es su propio hijo o no. Entonces, debemos asumir esta labor como Mayordomía, es decir, no son nuestros, son de Cristo, y Él nos pedirá cuentas por lo que hayamos hecho o dejado de hacer.
  • – Debemos introducirlos al trabajo con el Mandala, y enseñarles a Contemplar para que así alcancen la Quietud y se manifieste la Paz que ya les vive. Así, lo que pidan en inocencia se les dará.
  • – Permitir el aprendizaje entre ellos mismos, porque en la unión de sus oraciones y alabanzas, Cristo se manifestará, y seremos testigos de tan grande Gracia. Esto nos permitirá hablar en el mismo espíritu y alimentarnos de ellos. En su unión nacerá el Cuerpo que Cristo requiere para avanzar.
  • – Debemos enseñarles la disciplina y la Rectitud, independiente si nosotros las tengamos en nuestro interior… nuevamente… ellos serán nuestros maestros.
  • – Orar por los pequeños que inicien este Camino en unión de Mayordomía, para que les sea concedido todo cuanto pidamos a nuestro Dios.
  • – Debemos unirnos al espíritu que les vive, y a partir de dicha claridad, saber guiarlos, para que el avance en su Camino de Consagración sea de acuerdo a la índole que le vive y no a lo que nosotros queramos. Esto les ayudará a ser gobernados por el espíritu y alcanzar la Voluntad del Padre: el Gran Objetivo.  

Lo que debemos corregir:

Hemos sido negligentes en esta labor Santa ya que hemos seguido criando y educando a nuestros niños a la manera del mundo, es decir, sin conciencia de lo que el Reino de Dios quiere de ellos, asumiéndolos como propios, posponiendo su propia relación personal con Cristo de acuerdo a nuestros avances y no según las necesidades de sus espíritus. De esta forma hemos contagiado en ellos ciertas malas costumbres nuestras. Ahora somos nosotros que debemos ser “irradiados” de la inocencia de ellos y vivir también como niños.

Nos disponemos a hacer un profundo acto de Arrepentimiento y Perdón ante Cristo, natural en un Consagrado bajo Su Ley, cuando hace las cosas a su manera y no como Cristo las determina.

De esta forma  mostremos nuestro Amor por la Causa del Reino Vivo poniendo en ellos, los pequeños, todo cuánto requieren, para que sean recibidos con honor por sus hermanos en los Cielos.

3 comments for “Testimonio Sacerdote Carlos Alvarado

  1. Hna Maythe Horta
    29/07/2009 at 17:20

    Quiero compartir una vivencia que da testimonio de lo recibido de Cristo, para la guía espiritual de nuestros hijos… Hace un tiempo que con mi Hijo Lucas, de 5 años, mantramos a las 9 de la noche… sin que él perdone esta instancia… la maestría ha venido desde su natural inocencia, en que después de días de repetir los tres mantrams que usamos con mayor frecuencia en la consagración, él ha propuesto hacer otros mantrams… y así cada día nacen nuevos mantrams, definidos por él, llenos de contenido y profunda esencia…
    “Yo soy el Yo soy”
    “Yo soy un angel”
    “Yo soy Espíritu”
    “Yo soy el Reino”
    “Yo soy el Cristo”

  2. jaquelin
    31/08/2009 at 06:10

    Sin duda que lo natural en ellos que ha sido creado, ordenado y distribuido por el cielo cumplirá con su objetivo en la medida que nosotros no intervengamos en su inocencia, esa debió ser siempre la claridad en el hombre que recibio de Dios inteligencia para que de lo creado, se mantuviera el ORDEN REAL y no el orden del hombre que contamina lo puro e inocente.
    La naturaleza es la mejor muestra que siempre esta en Orden, hasta que el hombre pone su mano… conocemos los resultados.

  3. Hna. Ninoska H
    31/08/2009 at 06:29

    “Nuestros hijos son nuestros maestros”
    En meditación y trabajo de discernimiento con la Virtud del Amor, mamtraba con frases que iban develando el real contenido y significado de esta virtud, de como Cristo quiere que la vivamos. Una de esas frases trataba de la participación en el Cuerpo de Cristo, no podía conectarme con esa frase en un mamtram, me costaba. Con la certeza de que debia perseverar, guardé silencio, fue en ese momento que recordé la vivencia del pequeño Lucas (hijo de Hna. Maythe). Lo tomé y comencé:
    “Yo Soy el Cuerpo”… fue maravilloso. Así a partir de esta vivencia, comenzaron a nacer otros: “Yo Soy el Mandala”, “Yo Soy la Entrega”…
    Esto se llevó al Cuerpo de Bautizados de la Quinta zona, lo practicamos y las vivencias han sido reveladoras.
    Un testimonio de cómo nuestros hijos nos muestran, en su inmensa inocencia, las formas y contenidos de Dios.

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