Niegas a Cristo, cuando Temes Morir

Ante cualquier suceso devastador o fenómeno que escape del control y ponga en riesgo al ser humano, surge un fenómeno, un sentimiento profundamente arraigado en  las personas, que en su cotidianeidad guardan en su más íntimo secreto, el miedo a la muerte. No es la pérdida material, sino el sufrimiento y por sobre todo la MUERTE, aquello que descoloca al ser humano, aquello que incide en su estado emocional y mental alterando los sentidos y haciéndole perder el control y la armonía.

La Muerte, una condición asociada a dolor, pérdida, sufrimiento y vacío, una condición que por ser desconocida causa pavor… esta condición es sin duda incentivada por el rey de las ilusiones sin fronteras, el Maligno que presenta la vida en este mundo como «un hecho sin fin en un planeta eterno» e induce a aferrarse a la vida, como única verdad.

Se comprueba que aún el Hombre de hoy no ha resuelto en carne propia el misterio de la vida y la resurrección; por lo tanto, este profundo misterio continúa siendo una piedra donde esta generación humana se sigue tropezando.

Todos los creyentes comparten la doctrina de Salvación, “Cristo nos salvó”, responden con firmeza y convicción cuando preguntamos a que vino Cristo en Jesús”, más la conciencia sólo alcanza para argumentar que nos salvó del pecado original… quedándose esto corto en profundidad y esencia respecto del portento de la venida del Hijo de Dios a este Mundo (Hecho Crístico). La verdad revelada es que antes de la encarnación del Verbo, la muerte estaba en poder de Satanás… él señoreaba al paso por la muerte y el gran Hecho de la Salvación es precisamente sobre la Muerte, de eso nos Salvó JesúsCristo, tomando potestad sobre la muerte y permitiendo la continuidad de la vida después de la muerte carnal, en vida inmortal, permitiendo adquirir un nuevo cuerpo contenedor de un espíritu en evolución y perfeccionamiento que debe retornar al Origen, al Seno del Padre… proceso que guía y conduce el mas sabio y perfecto Dios “el Cristo”. Toda potestad espiritual, de vida y muerte, está desde entonces en manos del Reino Celestial.

La resurrección de Jesús, el Hijo de Hombre, es el símbolo de la resurrección de todos los Hombres. Es la Resurrección como camino abierto gracias a la posesión del Espíritu y a la tremenda labor realizada por Cristo En Jesús. Y la Resurrección es Vida, no vida simbólica o supuesta: es vida en el Dios Vivo.

Debemos hacer consciente que la muerte y la vida son una misma cosa expresada en dos fases y tiempos. Con esta visión todo apego, frente a la muerte, se desvanece y todo drama, frente a la vida, desaparece. Si bajo camino y formación espiritual el Ser lograra dimensionar, vivir y vivenciar esta verdad, que tiene un Orden perfecto y es enseñada por JesusCristo de mil maneras, miraría hacia atrás y vería que ha superado la muerte… definitivamente y para siempre.

“Pues Dios amó tanto al mundo que dio a su Hijo único, para que todo aquél que cree en él no muera, sino que tenga vida Eterna.

Todos los que beben de esta agua, volverán a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré, nunca volverá a tener sed. Porque el agua que yo le daré brotará en él como un manantial de vida eterna.

—Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que todavía está vivo y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?

En la casa de mi Padre hay muchos lugares donde vivir; si no fuera así, yo no les hubiera dicho que voy a prepararles un lugar.

Jesús, siendo Cristo hecho persona en Jesús, tuvo la autoridad para salvar al Hombre del poder demoniaco y tuvo la vital misión de cerrar la potestad de los infiernos sobre la muerte y arrancó el poder de las tinieblas sobre los abismos. En virtud de esos hechos trascendentes, por Gracia del Padre y amor del Cristo quien ejecutó esos hechos, hoy cuando una pesona muere, su espíritu sigue vivo y su conciencia no se pierde, sigue siendo “persona”, en otro cuerpo y en otro estado, y es precisamente luego de que la muerte se activa en el ser y después de que transcurren los tres días de ascenso hacia el Reino de los Cielos, cuando deberá enfrentar a Cristo, quien juzgará de acuerdo a obras y fe… para destinar al ser a un mundo de Gloria Inmortal, en virtud de un juicio justo y verdadero.

¿Cómo será buen fruto aquel que enceguece de frente a la muerte y le hace temer, negando con esto la Resurrección de Cristo y el poder del Espíritu de Dios que ha vencido a la muerte?

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