Jesús acusa a escribas y fariseos

En estas Palabras de Cristo Jesús, la autoridad del Verbo Encarnado recrimina la incoherencia y apostasía de los Escribas y Fariseos, quienes entonces representaban a la casta sacerdotal, y ellos mismos se daban el titulo de representantes de la enseñanza de Moisés. Por su tremenda actualidad, cambiando a ‘Escribas y Fariseos’ de aquel tiempo por la curia y pastores de la cristiandad institucional de este tiempo, y aplicando hoy estas sentencias a los poderes eclesiásticos que se auto aducen la representación de la enseñanza de Cristo: es perfectamente coherente y de una vigencia que se queda pequeña ante la envergadura de la corrupción actual.

1 Entonces habló Jesús a la multitud y a sus discípulos,

2 diciendo: sobre la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos.

3 Así que, todo lo que les digan que aprendan de las Escrituras: guárdenlo y obedezcan; pero, cuidado, no hagan conforme a sus obras, porque ellos dicen, pero no hacen.

4 Porque ellos atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de todos ustedes; pero ellos ni con un dedo pretenden moverlas.

5 Antes bien, hacen todas sus obras para ser vistos por la gente; pues ensanchan sus altares con fetiches y extienden las estolas de sus mantos;

6 y anhelan los primeros asientos en las cenas públicas, y las primeras sillas en los actos del templo,

7 y las salutaciones en las plazas, y el ser llamados por los feligreses: ¡Rabí!, ¡Rabí!.

8 Pero ustedes no aspiren a ser llamados por títulos como Rabí; ni busquen ser reconocidos cuan maestros: porque uno es vuestro Maestro y Rabí verdadero: el Mesías que Viene de Lo Alto, y todos ustedes, entre vosotros, hermanos sois.

9 Y no llamen jamás a nadie en la tierra como ‘padre vuestro’, ni acepten otro padre: porque uno es vuestro Padre, el que está en el Reino de los Cielos.

 

10 Ni acepten ser llamados pastor , porque uno es vuestro Pastor: el Cristo que Viene de Lo Alto.

11 El que es el mayor entre vosotros será vuestro siervo.

12 Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.

13 Pero, ¡ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque con vuestra obra de perdición han cerrado el Reino de los Cielos delante de los creyentes y fieles: ¡pues ni ustedes entrarán… si impiden entrar a los que están entrando por su Fe!.

14 ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque devoran con ambición la riqueza de las casas de viudas y de las ofrendas, y con falaz pretexto elevan larga oración: ¡por esto recibiréis mayor condenación!

15 ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque recorren  mar y tierra para hacerse de un prosélito y no perder adeptos; y cuando lo consiguen, les hacen dos veces más hijos del infierno que ustedes mismos.

16 ¡Ay de vosotros, caudillos ciegos!, que replican con insistencia: Cualquiera que jure por el templo, no significa nada, y no queda sujeto; pero cualquiera que jure por el oro que deposita en el templo: queda obligado a cumplimiento.

17 ¡Insensatos y ciegos! Porque, ¿cuál es mayor: el oro o el templo que santifica toda riqueza?

18 También dicen con majadería: Cualquiera que jure por el altar, no significa nada, y no queda comprometido; pero cualquiera que jure por la ofrenda que deposita sobre él: queda obligado a cumplir.

19 ¡Necios y ciegos! Porque, ¿cuál es mayor: la ofrenda o el altar que santifica la ofrenda?

20 Pues el que juramenta por el altar, jura por él y por todo lo que está sobre él;

21 y el que juramenta por el templo, jura por él y por Aquel que habita en él;

22 y el que jura por el Reino de los Cielo, jura por el trono de Dios y por Aquel que está sentado sobre él.

23 ¡Ay de ustedes, escribas y fariseos, hipócritas! porque diezman sobre las especias que son vuestra riqueza, y han dejado de lado lo más importante de la ley que predican: la justicia, la misericordia y la fe; es menester diezmar, pero su valor está en no dejar de hacer lo otro.

24 ¡caudillos ciegos, que cuelan con pudor el mosquito de la leche, pero tragan el camello de la ambición!

25 ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque limpian la apariencia del vaso y del plato; pero ustedes por dentro están llenos de robo y de injusticia.

26 ¡Fariseo ciego, limpia primero lo de dentro del vaso y del plato, de tu interior, para que también lo de fuera quede limpio!

27 ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque asemejan a sepulcros blanqueados: que por fuera se muestran hermosos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia.

28 Así también ustedes de cara a la verdad se muestran sensatos y justos ante la gente, pero por dentro están llenos de hipocresía e iniquidad.

29 ¡Ay de ustedes, escribas y fariseos, hipócritas!:porque edifican los sepulcros de los profetas y adornan los monumentos de los santos,

30 y alegan delante de los demás: si hubiéramos vivido en los días de nuestros padres, no habríamos sido sus cómplices en el derramamiento de la sangre de los profetas.

31Con esto dan testimonio en contra ustedes mismos, pues se acusan de que son hijos de aquellos que mataron a los profetas.

32 Entonces: ¡ahora terminen de hacer lo que sus padres comenzaron! 33¡serpientes!, ¡generación de víboras!¿Cómo escaparán de la condenación?

34 Por tanto, he aquí, yo enviaré a profetas, y a santos y a sabios, a escribas justos; y les aseguro: de ellos, a unos les asesinarán, a otros crucificarán, y a otros azotarán en vuestras sinagogas, y a todos ellos les perseguirán y buscarán de ciudad en ciudad;

35 Entonces vendrá sobre vosotros toda la sangre justa que se ha derramado sobre la tierra, desde la sangre de Abel, el justo, hasta la sangre de Zacarías, hijo de Berequías, al que asesinaron en el altar del templo.

36 De cierto os digo que todo esto vendrá sobre esta generación de anatema.

37 ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que son enviados a ti! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!

 

38 He aquí, vuestra casa rebelde será dejada desierta.

39 Porque les digo que: desde ahora en adelante no me verán, hasta que acepten y declaren con Verdad: ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!

 

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *