Hablemos de la muerte

Y para enfrentar a la muerte debemos hablar de Vida. Se nos ha enseñado, en el mejor de los casos, que Jesús murió en la Cruz, pero con su Resucitación demuestra que ha vencido a la muerte y desde entonces todo Ser de Fe puede tener Vida Eterna.  La pregunta es ¿por qué esta enseñanza no ha roto el arraigado temor a la muerte entre los creyentes?

Existe una especie de desorden general en la doctrina cristiana: es natural que una doctrina tenga interpretaciones y lecturas cuando se trata de una adhesión ideológica y el tema es político. Pero si Dios es Uno y su verdad es una… ¿cómo podemos escuchar diversas verdades de un mismo Dios?

Religión y Dios no es lo mismo. Espiritualidad y religiosidad no es lo mismo. La religión es humana, mundana (del y para cosas del Hombre en su relación con la necesidad del Mundo), mientras que Lo Espiritual es la relación de Fe entre La Persona y Dios. La religiosidad formal entrega al ritual y al culto la calidad de ‘sagrada’ y en su cumplimiento la persona siente su  propia salvación y satisfacción. La religiosidad nacida de Lo Espiritual asume la práctica ritual como un Medio, no un Fin, y aspira a la Transformación del Ser en su más hondo significado, llegando a ‘entregar la vida para Obtener La Vida’. De acuerdo a estos cristales y modos de vida, una verdad de Dios o puede ser analizada de acuerdo a la religión, o la misma puede ser Vivida en conformación a la Fe. En la primera se tendrá en consideración aquello que piensa y escribe el teólogo o predica el pastor; en la segunda habrá Conciencia de acuerdo a la Revelación del Espíritu Santo.  En la primera el creyente asume la verdad intelectual y formal de su religión;  en la segunda el Hombre de Fe transforma su existencia en concordancia a lo que vive en su Espíritu, y enseña cuan Testimonio aquello que Lo Vive,  y por poseer Espíritu Santo causará estremecimiento en quién escucha su Verdad. Mientras que la primera va al intelecto, lo segundo va a lo profundo del Espíritu.

Ahora bien, la muerte no soporta andamios intelectuales y verdades  formales: el ser humano ve caer toda su estructura religiosa ante la presencia de la muerte.

Escuchamos que habrá un Juicio Final, o que dormiremos hasta ese día. Y de la misma vertiente escuchamos que la vida sigue casi de la misma manera que en la tierra. Otros nos dicen que nos reuniremos con la familia y seres amados. Y la mayoría nos llama a ‘la esperanza’: esa fe sin conciencia que nos insta a confiar en la oscuridad y la ignorancia.

Hablemos de la muerte: Dios hizo a la Estirpe de Adán (Seres destinados a ser dioses) para que habitaran en los mundos temporales y tangibles en su calidad divina y atemporal. Es decir: agentes divinos en mundos habitados por seres urdidos por los infiernos y demonios. Los Edén eran ‘franjas atemporales’ insertas en mundos temporales. La muerte era  un poder en manos del principado infernal cuyo objetivo era atrapar las Almas que abandonaban el cuerpo corrupto y usar este ‘espíritu secundario’ (Alma) para sus objetivos de dominio y sobrevivencia.  A esto se refería Cristo al exclamar ante los Hombres: ‘Uds. están encarcelados’.  El Espíritu de Dios NO moraba en estos seres inferiores.

Los Adanes (varón y mujer) fueron colocados en sus franjas atemporales para gobernar a los mundos oscuros, y de ese modo elevarlos a la Luz del Reino. Sin embargo, una vez  dejados en libertad de su misión algunos Adanes cayeron en la trampa de Los Deseos y rompieron su Pacto con Dios, y los varones adámicos se unieron a mujeres urdidas por el demonio (Liliht) y procrearon una generación de Ira: el Cainita. Ante esta Caída, otros Adanes varones y las Evas también Transgredieron el mandato de Dios y se unieron entre ellos y procrearon la Generación de Abel.

La generación de Caín intentó exterminar a la Generación de Abel. Ambas generaciones perdieron su calidad pura: pero mientras la Cainita dominaba por la violencia y el sometimiento, la Generación de Abel intentaba escapar de sus hermanos iracundos apartándose a regiones donde no pudieran ser alcanzados. La muerte era un Poder en manos de los Infiernos: ahora los Adanes caídos y transgresores morían, pero mientras las Almas Cainita eran tomadas por los infiernos o retornaban a la Carne con la misma Deuda y Deudores (abismos), las Almas de la generación de Abel entraban el ‘el Sueño de los Santos’, o ‘La Espera’.  Desde entonces se establece una Ley: los Santos y Consagrados NO serán Tomados por la muerte y quedarán a merced de la Justicia de Dios. Es decir: la muerte tiene potestad sobre Almas sin el Espíritu de Dios. El Alma es un ‘espíritu menor’ la psiquis, los Sentidos; el Espíritu es Dios en el Hombre. Alma y Espíritu son dos tipos de espíritus. Los Cainitas poseían Alma, pero fueron exentos del Espíritu de Dios. Los de Abel tenían Alma y Espíritu, y eso les permitía Optar, y en la opción del Espíritu permanecían lejos de los infiernos y de la muerte. Pero este mundo no estaba bajo el Reinado de Dios y su Plan: por lo mismo el Reino de los Cielos yacía cerrado, y nadie entraba a sus Instancias, y los de Abel debían permanecer en ‘Espera’, pues para causar la Revolución que transformaría el estado de cosas imperantes debía suceder un evento vital que solamente Dios podía llevar a buen fin.

¿Es la muerte un estado creado por Dios? No. La muerte es un estado natural de los infiernos y de lo temporal, cuyo objetivo es alimentar con Almas el principado de los demonios. Por lo mismo, para ‘vencer a la muerte’ y ‘tomar sus Llaves’ El Dios Verbo, el Cristo Dios, en obediencia al Plan del Padre Creador, encarnó en Jesús, vivió cuan Hombre, mas no Cainita, sino un Ser Adámico Puro, y al morir en la Carne descendió a los infiernos, en Tres días, y enfrentó a la muerte, luchó con ésta, la venció, y como consecuencia de esto arrebata las Llaves de este Poder de manos de los demonios; cierra la Ley del Abismo; Despierta a los de Abel y los eleva a los Cielo, que ahora Él abre; retoma cuerpo tangible por 40 días: visita a las Generación de Abel dispersa por el mundo (sus ‘otras ovejas’) y finalmente Asciende al lugar de Su Gloria, cuan Dios que Es. Y en el mismo Acto desciende sobre el Espíritu del Hombre, ahora restaurado, la Gracia de  la Sabiduría del Magisterio del Espíritu Santo. A este conjunto de dádivas se ha llamado ‘Gracia’, por ser concesiones del Padre ejecutadas por Cristo, sin exigir mérito a los Hombres. En esto pues consiste La Salvación: en este conjunto de hechos y eventos de Gracia. Y este conjunto de eventos de Gracia es mucho más que ‘murió en la cruz por nosotros’Parece lo mismo, pero no es igual.

El Hombre, desde Cristo y los Hechos de Salvación… es decir Ud. y todo quién haya nacido a la Carne desde esos episodios maravillosos y restauradores… sigue siendo temporal (sujeto al tiempo, espacio y corrupción de la Carne) pero esta vez posee Alma (sentidos-emocionalidad- psiquis) y Espíritu (Dios en su Ser), y este hecho lo lleva a un ‘estado de discernimiento’ que antes no podía tener: la OPCIÓN. No se puede pertenecer a dos dioses, ni se puede optar por dos reinos. Ahora, la religión ha intentado congeniar ambas realidades: estar en lo mundano y sentirse de Dios. Vivir la pasión y el deseo, la violencia y la ira en nombre de Dios (bendición de armamento, misas y oraciones en medio de los campos de batalla para vencer al otro y someterlo, justificación de muerte en nombre de la religión, etc.)

La muerte, desde los Hechos de Salvación,  no es una Ley en manos de los demonios. Pero sigue siendo una realidad: la diferencia reside en que es el Hombre, nosotros mismos, quienes elegimos la relación con la muerte, esto de acuerdo a la vida carnal que hacemos y de acuerdo a nuestras opciones (‘por los frutos os conoceré’). Pablo dice que los Consagrados no sufrimos la muerte, sino que pasamos por ella como quién traspasa un suave velo.  El tema no es la muerte, sino el tipo de vida que obtendremos después de pasar por la muerte del Cuerpo.

Cristo nos dice que por nuestros frutos, siembra, obtendremos un resultado. Si en esta vida hemos sido incrédulos en Dios, o apegados al Alma, las pasiones, las cosas y las posesiones, aquello que obtendremos nos decepcionará y nos hará sufrir: porque no obtendremos nada de aquello que en esta vida en el mundo consideramos  importante, y todo quedará como una ilusión de este mundo; y si en lugar de dormir y caer en la ‘nada’-como fomentan los escépticos-  seguimos teniendo conciencia, de algún modo deberemos aceptar lo equivocado que pasamos por la existencia material. Y quién esperaba un edén con diez vírgenes porque se voló con una bomba, o quien añoraba hallar a su familia carnal en una especie de repetición celestial mejorada de este mundo constatará que Cristo tenía razón al advertir sobre esta quimera a los saduceos, y quién creyó ganar las alturas por sus cumplimientos religiosos…  todos podrán verificar que la muerte fue vencida y que en realidad el tema a resolver y por el cual existir en este mundo es La Vida que obtendremos luego del paso por la muerte física. Y los creyentes deben recordar la advertencia del Cristo Dios: ‘muchos dirán… y esto y lo otro hice en tu nombre… y Yo les diré ¡atrás hacedores de maldad!  porque NADIE que NO haga LA VOLUNTAD del Padre podrá entrar en el Reino…’

¿Y la misericordia? Preguntará el cristiano formal. La Misericordia es Potestad de Cristo, y no de los Hombres. Eso quiere decir que no podemos resguardarnos en una Potestad que no es ni será nunca como la imaginamos los Hombres, pues Dios es Dios y aplica sus Potestades según su Calidad divina. El oportunismo iluso de creer que hagamos lo que hagamos la misericordia nos cubre a nuestro modo es una mentira infernal. La Misericordia de Dios se aplica al Ser que habiendo hecho lo máximo de acuerdo a su capacidad y voluntad, no logra la meta, o en su intención comete errores en inocencia. La Misericordia es dádiva para el inocente, no para el negligente.

Pensemos en cómo vivimos, para qué vivimos y dónde estamos colocando la esencia de nuestro tiempo a disposición: lo único que nos dará Vida es Lo Espiritual, es la Relación con Cristo, y lo es buscar con ahínco ‘¿CUAL ES LA VOLUNTAD DEL PADRE EN MÍ?

La ‘Vida eterna’ es la certeza que Cristo nos entrega si logramos ‘entregar la vida en manos del Padre’, es decir: colocar por Obra el designio que el Padre ha colocado en nuestro Espíritu. Eso es ‘Camino Espiritual’ Este Camino Espiritual nos conduce a superar y vencer a la muerte para siempre, y de este modo constataremos la verdad que nos revela Pablo sobre la Ley de Resurrección: ‘de cuerpo carnal, a Cuerpo Espiritual’. Porque la muerte, no es solamente el fin del cuerpo carnal. El Ser sin Dios ni vida espiritual es ‘un muerto’, y obtendrá ‘juicio de muerto’. Nosotros en Dios vivimos.

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