«El Libro»… sobre escrituras sagradas

Ya hemos declarado nuestra postura sobre el dogma humano que encierra a Dios en un libro único, y desde tal cadalso ordena el ostracismo de la autoridad divina y aplica la mordaza al Dios que Vive.  Lejos nos hallamos de tanta soberbia.

Sí tenemos y usamos en nuestra Acción de Fe los Escritos que el Cristo Vivo nos ha señalizado, y repetimos para claridad del lector: no aquello que por intelecto o conocimiento hemos seleccionado, o por exegesis pudimos entender y separar… sino solamente el conjunto de Testimonios que el Cristo Vivo ha convalidado con su Magna Presencia, Voz y Voluntad. Y de eso debemos dar testimonio claro, y nunca ocultarlo, porque esa es la verdad,  y no seríamos dignos si escondiéramos lo vivido, detrás de sutiles argumentos conformistas y humanamente convenientes.

Pero debemos agregar un elemento sustancial: no hay escrito válido… o bien, no hay validez en el escrito sin el Espíritu Santo actuando en su Discernimiento. No es ‘el libro’ el sagrado, sino el Magisterio del Espíritu Santo operando activamente sobre lo escrito. Dicho de otro modo: no es el conocimiento la vida de aquello que está escrito, sino la vida es La Sabiduría que induce el Espíritu Santo en el Hombre que con Fe compenetra la palabra. No es la palabra la santa, sino el Espíritu de La Palabra adquirida bajo el Poder del Espíritu Santo.  El apego a un libro junto a la negación del Espíritu Santo conduce al Hombre a los raídos caminos de la soberbia y la dependencia de unos pocos ilustrados.

La Consagración de JesúsCristo hoy, en Tiempos de Tribulación, enseña primero  (y así hemos sido formados,  bajo este orden)  la Relación Personal con Cristo; luego, a través de la vívida Relación con el Cristo Vivo, se nos conduce a los Sacramentos y conocemos la acción y bendición del Espíritu Santo. Entonces los escritos toman vida, se comprenden como Dios quiere que entendamos, y no como nuestra formación mental o cultural nos induce. La meta siempre es una y única: llegar a conocer la Voluntad del Padre para colocarla por Obra de santidad.

La dificultad humana en este ordenamiento es de cultura religiosa: se nos ha formado en la lectura, en la repetición, en el estudio intelectual y en la fe sin sabiduría. Lo más alto, revelador y definitivo ha quedado en manos de unos pocos teólogos, y esencialmente en el magisterio de la iglesia. Así, el creyente se ha mantenido en la ignorancia de aquello que Dios quiere realmente, y ha colocado a Dios fuera de su alcance. Con esta costumbre y esquema se alza un muro de ‘imposibilidad’ y de credibilidad en el creyente que inicia el Camino de Consagración. Y la primera reacción suele ser ‘leer’ y ‘estudiar’, aplicando el viejo esquema del conocimiento sin Espíritu. Pero también el ovejismo impregnado en la práctica eclesiástica a través de muchas generaciones  empuja a la negación de todo empeño en la compenetración de la enseñanza, esperando recibir de otros la indicación de aquello que debe ‘entender,  y también de su  ‘qué hacer’.

Los libros son para nosotros un medio, no un fin. Y este medio debe ser colocado bajo Discernimiento Espiritual, y nunca bajo un exclusivo escrutar intelectual. Para eso es menester que el creyente consagrado establezca primero su Relación Personal con Cristo, y en la medida que JesúsCristo deja de ser algo lejano, religioso-formal, y pasa a convertirse en aquello que realmente ES: Dios Vivo… entonces la palabra queda en grado de ser asumida en el Espíritu de Verdad que nos revela la Madre Sabiduría del Espíritu Santo.

Si alguien quisiera ‘ubicarnos’ y ‘enmarcarnos’ por los libros que usamos cuan medios para nuestra formación y orientación, está cometiendo un  error de fondo: se nos quiere calificar según propios parangones, que no son los nuestros, y lo que es más importante: no son de Dios.

La ‘tranquilidad’ de la cuadratura de las mentes tradicionales ha surgido al  comprobar que es el Evangelio nuestro medio principal de guía y enseñanza… Pero para mayor claridad y apego a la verdad, debemos insistir en el hecho de que los medios escritos no cumplen de por sí el rol de maestría, sino que es el Espíritu Santo, y sin éste Magisterio Divino no hay escritura alguna que tenga Sabiduría y Verdad de Dios en ella. Y dicho esto, especificamos aquello que se halla en la Declaración y Revelación de Nuestro Dios Vivo: ‘El Libro de la Ley de JesúsCristo’; a saber: que los libros que contienen VIGENCIA para este Tiempo y hasta la hora sagrada del Descenso Divino de Nuestro Cristo Vivo (segunda venida)  y el Advenimiento del Milenio de Paz son aquellos que Él Señala: 1) los siete profetas mayores del pueblo de Israel bajo la Antigua Ley,  y la revelación del Hombre Adámico en Asia, bajo la Antigua Ley; 2) El Testimonio de Juan(evangelio de Juan), y el libro ‘Apocalipsis’, comparando estos escritos con los Testimonios del Evangelio y los eventos de Hechos y Cartas de Pablo; 3) El Libro de Revelación entregado por el Cristo Vivo a la Dispensación de la Restauración del Sacerdocio en la Tierra (1830-1844); 4) El Libro de Revelaciones autorizado por el Cristo Vivo bajo la apertura de la actual Dispensación de Vísperas del Advenimiento del Milenio de Paz ; 5) El ‘Libro de la Ley de JesúsCristo’  o ‘Ley de Consagración’.

Para orientación de Sabiduría y guía práctica del Consagrado,  el Reino de Dios ha bendecido bajo el Magisterio del Espíritu Santo una serie de escritos cuyo objetivo es, precisamente, conducir en las cosas más elementales, humanas, sociales y emocionales al Consagrado, no al hombre común, sino al Consagrado en vía de obediencia a la Ley de Cristo. Dichos Oráculos se hallan bajo el pleno Poder del Espíritu Santo, y no pueden ser usados sino bajo la forma y clave que Dios ha revelado para su justo uso y santo propósito. Entre estos instrumentos de ayuda se encuentra un texto antiguo muy amado por nosotros, y al cual mucho debemos: el Libro de los Cambios (I Ching).

Eso en lo estricto: pero Dios mueve la palabra y enseñanza de otros, santos y dignos en la fe, que sin hacer parte de algún libro previamente sancionado cuan ‘sagrado’ nos llega en el momento preciso en alas del Espíritu Santo. Así, hemos sido instruidos por ejemplos y testimonios de hombres y mujeres de otras religiones, de iglesias cristianas, sin que esto signifique nuestro seguimiento a sus iglesias y cultos. Según esta realidad vivencial hemos comprobado que la Verdad de Dios se derrama en y por la Inocencia, Fe y Humildad de todo hombre y mujer de abnegada entrega al Dios Vivo.  Sabemos también que nuestra palabra y testimonio ha bendecido a muchos, y no pocos han hallado respuestas a sus oraciones, sin que esto haya significado que se bauticen y consagren en este Camino. Es Dios quién debe cosechar: nosotros, y todo consagrado al Dios Vivo,  somos simples sembradores.

Sin embargo debemos insistir: ninguna herramienta, sea libros, formas, dones, etc. cumple con su meta por sí misma o por sí sola. Es el Espíritu Santo el Poder y Magisterio que actúa y debe expresarse en los medios que, a su vez, Cristo muestra, señala y bendice, y que son autorizados por el Padre para que todo creyente alcance la Alta Morada Celestial. Sin este Orden y Ordenamiento, y carente de este Espíritu, todo libro  y escritura es huérfana de Verdad.

Explicamos esto para que quienes tanto exigen saber sobre qué libros basamos nuestra acción de fe, estén bien enterados sobre la calidad que entregamos a los instrumentos, y sepan sin lugar a dudas que nuestra Consagración y Sacerdocio forma cuerpo en lo escrito y las escrituras, pero una vez alcanzado el objeto divino que el Padre propone, Gracias a la Salvación de Cristo…la horma que nos ha formado cesa, y ya no sirve,  y vive el Nuevo Ser que solamente el Cristo Vivo Guía, y el Espíritu Santo conforma en Sabiduría.

Concluir entonces diciendo que toda diatriba sobre ‘palabra’ y ‘libros’ ‘conocimiento’ y ‘teología’ es una gimnasia para lo mental e intelectual de la carne, y los demonios son expertos en estos asuntos. Lo nuestro es la elevación según La Gracia de Nuestro Dios Vivo, bajo una Ley, no una promesa, sino una Ley Cristica: La Ley de Resurrección, que nos garantiza que de cuerpos carnales seremos y obtendremos cuerpos espirituales… y alcanzaremos la eternidad según la Voluntad del Padre,  que nos mide por Obediencia,  y de acuerdo colocamos por Obra su única y clara Voluntad.

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Incluimos, para posterior información, la ‘Declaración del Sacerdocio bajo la Ley de JesúsCristo’ que concluye el Primer Tomo del ‘Libro de la Ley de JesúsCristo’ (ver índice en esta misma revista)

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