ASUMO MI VERDAD

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¿Para qué, por qué debiera consagrarme? Si ya somos creyentes, personas de religión tradicional, de fe común, cumplidoras con los deberes de nuestra iglesia, o leales a nuestras convicción y modo de entender la religión… ¿para que debiéramos  entonces ‘consagrarnos’?

Si ya creo en Dios y no pertenezco al cristianismo ¿por qué debiera aceptar a Cristo? ¿No da lo mismo dónde coloco mi fe?

Nuestra respuesta es: si ya tienes religión a la cual debes lealtad, y tu fe ha sido canalizada por sus medios y culto… entonces debes permanecer fiel a la mayordomía que has elegido como guía. Pero si eres creyente y no sientes que tu pertenencia esté arraigada en una religión, o no posees un ligamen profundo, de compromiso con una mayordomía… entonces es deber de coherencia personal alcanzar un lugar idóneo para el desarrollo de tu vida espiritual.  Ahora, si eres persona de fe en Dios pero no sientes lazo alguno, cultural, con el cristianismo, y eso te hace sentir que Cristo no es asunto tuyo…aclaramos: Dios no es de este Mundo, ni es humano, ni terrenal. Es el Hombre quién debe ir en pos de su espiritualidad, y no es el Espíritu quién debe materializarse para adaptarse a la Carne y los Sentidos. Esto es esencial, pues la Religión, todas, siendo una manifestación humana tiende a aterrizar a Los Sentidos y la Materia algo divino que no pertenece a Los Sentidos ni a la Materia. Los Sentidos (Alma) deben buscar su armonía en la unión con el Espíritu de Dios, con lo divino; la Materia logra su máximo desarrollo y su verdad solamente en conjunción con el Espíritu y con Dios cuan Gobernante. En tal sentido lo Humano no está sesgado de lo divino, mas es lo divino aquello que da Altura y Trascendencia a lo Humano.

La diferencia reside en una cuestión de orden gubernamental: si gobierna la materia en el orden humano, Dios pasa a ser un agregado. Si el orden coloca al Gobierno del Espíritu al mando de Lo Humano, es Dios quién ejerce Mando. Esa es la diferencia entre Lo Espiritual y La Religión. En la Religión Dios justifica Lo Humano. En lo Espiritual el Hombre es Justificado por Dios según Su Voluntad.

Bajo este concepto fundamental, de Orden, debemos entender, por ejemplo, que Krisnha sí fue un dios encarnado hace siete mil años ante la Generación Aria, y tenemos dos formas de aceptar este hecho: seguimos los alambiques de la religión posterior basados en su enseñanza y presencia y tomamos parte de una de las religiones derivadas… o vamos en pos de esta divinidad a través del Espíritu que nos vive y llegamos a su fuente, sin pasar por luchas terrenales y redes intelectuales. Otro ejemplo: por el hecho de relacionarnos en Espíritu con la divinidad Buda y vivir su realidad Macro no somos ‘budistas’, ni por descubrir el rol del Krisnha  somos hinduístas. Sin embargo, en la Religión, para saber, conocer y seguir rituales del Buda debes ser budista, o hinduísta. Puesto de otro modo: si un dios es tal y está en Lo Macro disponible para todo Espíritu que sepa y pueda llegar a éste… ¿es necesaria la Religión? ¿Son sectarios los dioses? ¿Exigen los dioses sello de pertenencia religioso y diploma de honores alcanzados en la iglesia para abrir puertas y mostrar sus reinos? Ya este planteo es escandaloso para el sectario Religioso: existe solamente su fe, su realidad y su forma de divinidad. Incluso el Religioso habla en nombre de Dios, define aquello que es y no es de Dios, hace o no hace, acepta o rechaza Dios… ¡es dios! Y cae en la ira ante otras religiones y denigra otros modos  tan sectarios como el suyo, y de las descalificaciones pueden pasar a la violencia… ¡son demonios!. Esto resulta imposible en la vivencia espiritual, pues en Espíritu el Hombre logra Vivir Lo Macro y aquello que no se ve, y establece su Relación Personal con Lo Divino, y esta experiencia lo hace humilde, pues quién ve la punta del manto de Dios se torna obediente y modesto ante la envergadura infinita del Creador y su Reino. Quién proclame que ha visto a Dios y actúa con soberbia y en su acción acumula Poder, fama y riquezas para su propia gloria mundana… es un agente de Lo Tenebroso. Lo Espiritual transforma al Ser del Mundo y sin dejar de estar en este Mundo lo hace No Ser del Mundo. El Espíritu conduce a su Origen: a Dios. Quién ha viajado en Su Espíritu hasta el lugar del Padre… nunca regresa siendo el mismo.

Ahora bien, el Cristo del cual un Consagrado puede entregar  testimonio, cuan Ser Espiritual,  no es el mismo cristo de las iglesias, de la Religión. Cuando el creyente escucha la palabra ‘Cristo’ obviamente lo asocia al cristianismo cultural de las iglesias, de la Religión. Hablamos de algo que tiene un nombre, pero no explicamos lo mismo; y no es igual el Cristo Vivo que aquel cristo sectario y desmenuzado en cientos de cultos humanos. ¿Pero es que existe UN CRISTO, Uno Solo… Objetivo, real,  único? Nosotros decimos: ‘debes ir en búsqueda del Cristo que ES’. Sí, existe el único Cristo que Es, pero nadie lo hallará en las bibliotecas ni en las procesiones, ni en los cultos del Hombre. ‘Tú enciérrate bajo cuatro llaves y Ora al Padre En Espíritu porque Él Es Espíritu’.

El Gran Carro es Tu Espíritu. No es el Alma, que son Los Sentidos y la Psiquis. No es el Cuerpo carnal. No es la mente. El Espíritu es Dios en Tí.  El Alma es el ‘pequeño carro’ y deberá unirse al Espíritu en algún momento de este viaje, pero siempre deberá ser El Espíritu quién Comande y Guíe. El Cuerpo es como el Gran Campo de acción y aterrizaje, deposito y reposo: hay partes del Cuerpo que deben estar en plena sintonía con este Andar Trascendente. La mente artificial (conocimiento-intelecto) debe aquietarse y callar para que la Mente Natural se manifieste y sea ésta Receptiva de La Sabiduría, que es la mente divina. El Hombre nace preparado en su inocencia para Relacionarse con Dios. Pero como este Hombre no ha sido formado ni educado ni preparado para lo divino, sino que es violado en su inocencia y trasgredido en su pureza de Gracia con la cual nace, para adecuarlo al Mundo, y es forzado, literalmente forzado, para que funcione cuan máquina al servicio de la materia y el sistema Cainita (este Mundo)…   impuesto por la venganza de los Arcontes (Señores del Cosmos) y Demonios (divinidades caídas)…  es que resulta entonces difícil, complicado y a contra-pelo reconducirlo a su estado espiritual de inocencia, a La Gracia, y es en esta arista de dificultad en la cual se incrusta la Religión: una vereda fraudulenta y engañosa que rebaja a Dios a condiciones humanas y concretas cuyo fin, según nos enseñan, debe servir para hacer la vida del Hombre más llevadera y sumisa, complaciente y de algún modo justificable. Eso es ‘usar a Dios para justificación del Hombre’.

Nosotros enseñamos aquello que hemos practicado y por consecuencia hemos vivido; claro, para llegar a un nivel de vívida Relación con Dios hemos debido seguir un Orden, y para recibir tal Ordenamiento supimos disciplinarnos y tal rigurosidad requirió de nuestra confianza. Esto podría parecer ‘Religión’, en cuanto hay orgánica, estudios, rituales y alguien que nos guía. Parece, pero no es. Una Religión ‘re-liga’ y amarra permanentemente a la persona a una institucionalidad y mayordomía: Pastor, Papa, Profeta, Jerarca, Patriarca, Maestro, Gurú, etc. Una mayordomía espiritual, en cambio, posee un deber: conducir espiritualmente; tiene una meta: que la persona alcance a Dios. Luego tiene un límite en su rol, y en lo del Mundo y la Carne se ciñe por el Gobierno del Espíritu y no por reglas del Mundo. El ejercicio de una mayordomía  espiritual culmina, cesa y termina o cuando la persona pide ser dejada en el nivel espiritual alcanzado, o cuando el Ser  llega al Sello del Padre: ‘conocer y poner por Obra el Designio del Creador’.  Nadie está obligado a ‘someterse’ a (por) una mayordomía religiosa (iglesia), y una mayordomía espiritual está obligada por su Rol y Sello y no ‘depende’ del número de integrantes o de otros factores. La persona recibe de la mayordomía  espiritual aquellos elementos que luego deberá practicar y poner en acción espiritual; la mayordomía para aspectos espirituales define qué entregar y cuándo abrir los misterios y poderes en sus manos consignadas por Dios. Una mayordomía espiritual es un ejercicio sacerdotal de Dones, Sellos y Poderes puestos en manos de Hombres directamente por Dios. Una mayordomía religiosa o eclesiástica es un ejercicio humano de autoridad que se ejerce en nombre de Dios.

Bajo una mayordomía espiritual la persona es libre en su Conciencia y es plenamente responsable de su acción: en este sentido no es la institucionalidad aquel elemento que resguarda, ‘salva’ y ‘protege’  al que ‘cree’, sino que es la propia persona quién asume su representación y se coloca en su imperfección ante Dios para ser Transformada de persona mundana en Persona Espiritual, según lo fue en su inocencia bajo La Gracia. A esa recuperación elemental se ha llamado ‘Consagración’, pues es el Hombre en su Conciencia que Opta por RENUNCIAR a la formación mundana que se le ha impuesto y forzado, y quiere recuperar la esencia de Su Espíritu con el cual Dios, el Creador lo envío a la Carne, para los propósitos superiores del Espíritu.

Mientras el ‘creyente… cree’ y en su creencia forma en su mente al dios que quiere, y según sus sentimientos implora al dios que necesita, y en sus ideas construye a un dios al cual adorar en la materia, y según costumbre implora al dios que le es conocido, y en su auto-suficiencia alza al dios que inventa… cree… y cree en el dios que lee, que le inculcan, y en su idea lo asigna a un pueblo único, a una raza superior, a una iglesia y autoridad humana ‘infalible’… cree… y está dispuesto a matar por su creencia, y desprecia hasta la ira y el odio a todo quién profesa otras creencias… Mientras así cree el creyente, el Consagrado, en cambio, abandona toda creencia humana por tratarse ésta de vanidad, renuncia a todo conocimiento adquirido por mente artificial e intelecto porque esa es herramienta perversa de la oscuridad y del oscurantismo… Y en el Carro Grande, Su Espíritu, se dispone a Ver, Escuchar, Tocar y Sentir… CONOCER a DIOS.  Ya no quiere conocimiento, ansía Sabiduría. Ya no aspira a sensaciones y milagros, sino que postula a vivir Lo Macro y transformar así  Su Alma, en modo que todo Sentido se vuelva divino… y desde ahí  inicia su real comprensión de  Dios en su enseñanza  de  Amor y Virtud, como la Humildad, la Paz, La Justicia. Es a ese punto en donde Cristo se nos aparece.

El Espíritu en pos de Dios conduce al Cristo Vivo, al Cristo que ES. Dicho esto, es evidente que el Hombre institucional, el intelectual, el Ser apegado a la materia y su saber del mundo, incluso aquella persona que en su individualidad ha querido experimentar  ‘sendas místicas’ por cuenta propia, sin mayordomía alguna (y nos referimos a muchos buenos hombres y mujeres influenciados por la ‘nueva era’ que han entendido que para zafar de la Religión lo que queda es la individualidad mística, según propios y muy personales parámetros de conocimiento…) tendrán dificultad para aferrar esto que aquí exponemos ¿Qué es eso del Cristo que Es? ¿Me estarás llevando al cristianismo del cual quiero liberarme? ¿Hablarás acaso del Cristo del catecismo con el cual crecí?

Simple y sencillo: hablamos del Cristo Dios que se presenta ante todo Ser que viaja en su Espíritu camino al Padre Creador para Conocer Su Voluntad y descubrir la razón de estar en este mundo y en la Carne. De eso hablamos. Dicho de otro modo: si quieres vagar por tus ilusiones y buscar a tus dioses, de seguro no tendrás un Encuentro Personal con Cristo, y eso explica porque no me entiendes cuando te hablo del Cristo Objetivo y Vivo. La honestidad nos lleva por ende a no hablar de ningún cristo, porque si no damos a Cristo Autoridad por sí Mismo, y queremos armar cristos a nuestro parecer o dioses a nuestro antojo… no estamos siendo maduros, ni  rectos. Ahora, si te conformas con el cristo de tu creencia y temes hallar al Cristo Vivo por temor a sufrir una hecatombe estructural ante la evidencia de que el Cristo que verás es harto diferente del que te han enseñado… allí tú y tus miedos. De aquello que tratamos aquí es del desafío personal de saber ‘para qué’ y ‘por qué’ estoy en este Cuerpo, en este Mundo, con estas características y en estas situaciones… es decir: ¿Cuál es el Plan de DIOS EN Mí?

Eso es todo, claro simple, trascendente y directo: ‘Yo Persona… Espíritu de Dios en Mí… El Padre con Un Plan que debo conocer para poner por Obra (vida, razón de vida)…’  Entonces es cuando Cristo se cruza en nuestra vida, y eso por una razón infranqueable: NADIE LLEGA AL PADRE SINO ES POR CRISTO. Entendamos, y hagámoslo con misericordia: no necesitamos a Cristo para movernos en el mundo como ‘buenas personas’ y ‘personas decentes’. Toda Religión o filosofía o buena causa nos puede hacer ‘buenos Hombres’ o ‘seres dignos’. La Misericordia de Cristo  entrega La Gracia a todo Ser que nace después de los Hechos de Salvación y del Descenso sagrado del Espíritu Santo sobre el Espíritu de los Hombres… no necesitamos más que la fe para merecer esta Gracia y esta Dádiva.  Lo superior, lo realmente espiritual, por Ley de Vida, es, según JesúsCristo: ‘Conocer, Saber y Poner por Obra el Designio del Padre Creador’ Nadie llegará a esta meta sin la conducción de Cristo… y no decimos… porque Cristo no lo dice… de la iglesia o de los pastores, sino sin la conducción de Cristo. Y como Cristo es Dios, no Hombre, sino el Verbo del Padre, Dios Uno con el Creador, su conducción es Espiritual, no mundana, no para cosas del mundo… sino para liberarse del Mundo y ascender al Reino… ’y nadie entrará al Reino si no ha colocado por Obra la Voluntad del Padre’. Es claro.

Esto es Ley: eso quiere decir que si un budista, un musulmán, o un agnóstico cansado de su propia incredulidad e ignorante de las cosas religiosas, se dispusieran a Conocer la Voluntad de Dios y para eso se colocaran a Orar y Meditar con Fe e Inocencia… tendría su Encuentro Personal con Cristo. Porque Cristo es LEY del Padre. Entiéndase que Cristo no es opción cultural: es Ley de Vida y es Ley del Padre para obtener Vida Eterna.

Cuando damos Testimonio de que esta Dispensación nació de la Inocencia, y declaramos que fue La Sabiduría quién nos condujo a Cristo, estamos hablando precisamente de esta Ley. 

Repito mi testimonio, porque asumo mi verdad: yo era un joven mundano lleno de ideales, causas aparentemente justas, rabias justicieras y un ego grande como una catedral. Budista por opción, y hecho budista por misteriosa acogida de los monjes de la enseñanza del Sutra del Loto. Mi guía y orientador de vida era el Sagrado Libro de Las Mutaciones, el I Ching. Hasta que un día, en medio de los infiernos de este mundo fui rescatado por la mano de quienes ya parecían mis guardianes, los hermanos del Sutra del Loto, y en la abadía imploré a Dios… ’si hay una Voluntad superior para esta vida, para este dolor, para la enfermedad, la muerte y el desamparo… y si hubo un plan para nacer como lo hice, de los padres que fueron, en el país que fue y su sangrienta generación de la cual soy parte… con los dones que me son naturales y la inteligencia que no se usar bien del todo… si hay Voluntad… si el Tao que el Buda muestra aquí, en esta Enseñanza, es el Padre de los dioses… ¡heme aquí… me entrego a ese designio y desde hoy no descansaré hasta saber cuál es esa Voluntad para colocarla por vida en este mundo’.  Esa fue mi disponibilidad más arraigada. Así me entregué en aquella abadía budista mientras los monjes recitaban el Mamtram del Sutra del Loto. Desde entonces el I Ching me guió hacia ese objetivo, y sus Oráculos me fueron mostrando a Chen, el Hijo Primogénito, la Manifestación de Dios en el Hombre.

Nunca fui en pos de un cristo religioso, ni de ninguno, porque nada sabía del Camino al Padre. Por lo mismo, cuando Cristo se presenta ante mí no lo conocí, no sabía qué o quién era. El Cristo que conocí, al cual me entregué y al cual amo con todo mi Ser es un Dios Vivo, un Ser que Habla, Razona y entrega la Voluntad del Padre aún antes de que Él Mismo sea quién nos presente ante la Magna Presencia del Dios Pleno. Cristo, el Dios Vivo, nos enseñó la verdad del Espíritu Santo: La Madre Sabiduría y la Raíz de todo Poder Divino y Santo. Y es Cristo quién nos ordena CONSAGRAR CREYENTES, y para tal mayordomía espiritual nos ha Sellado el Sacerdocio del Altísimo, el cual llevamos con mucha humildad y responsabilidad.

De acuerdo a esta realidad es que no entramos en polémicas con respecto a la razón de las Religiones o al valor  transversal de un libro: esos son temas que desde la Vida Espiritual están resueltos. Solamente quienes no lo tengan resuelto lo pueden, o quizás deben, discutir.

Se nos ha ‘condenado’ desde la prepotencia de la institucionalidad por no ser cristianos, y se nos ha discriminado por no poseer raíces eclesiásticas definidas, y mucho espanta que tengamos al Cristo Vivo en nosotros por medio de una senda que prescinde de lo tradicional de la religión cultural establecida y bien reconocida. Sin embargo, creemos que la grandeza de la Misericordia de Cristo y la tajante prueba de su Ley ha quedado demostrada justamente en nuestro caso: Siendo Cristo Ley del Padre, todo aquel que con Fe va en Su Espíritu en Pos de la Voluntad del Creador para OBEDECERLA… tendrá un Encuentro Personal con el Cristo Vivo. Se requiere Voluntad de llegar al Padre Dios y aceptar a Dios tal y cual Él Es y no como uno quiera que sea para que el Reino se abra, y la Ley de Cristo se manifieste. Ahora el lector lo sabe, no hay excusas. Lo nuestro es mayordomía espiritual. No religión, ni atadura institucional. Desde nuestra vivencia criticamos a la Religión por Amor al Cristo que Conocemos. Y no podemos no hacerlo cuando de JesúsCristo se ha hecho tanta confusión y enredo, siendo en realidad tan simple y sencilla: basta buena voluntad y espíritu de Paz para entender al mismo Dios por encima de las creencias humanas y del mundo.

Por donde caminé enseñé a que otros caminaran. Aquel que Selló con Fuego mi frente Selló a quienes presenté ante Él. Ahora ellos van por el mundo como Agentes de una Ley inexorable que divide al Hombre entre creyentes y Consagrados… el resto: muertos son, y Juicio de muerto tendrán.

Ricardo Andreé

Sacerdote Mayordomo Dispensación de Paz

¡Formando Agentes para la Presencia del Cristo Dios ante este Mundo!

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